Para darle sentido positivo a mi pasión por la pintura, prefiero imaginar que somos parte de pinceladas constantes dentro de un mundo geodésico dividido en lienzos infinitos distribuidos invariablemente en el vacío, el mismo "vacío" que une al espacio sideral con el aire que ahora respiramos y que alguna vez tuvo el nombre de "éter" y que para mí seguirá siendo un trasfondo de lienzos interminables listos para convertirse en auténticas obras de arte viviente, justo como la mujer que literalmente me deja sin aliento cada que termino de dibujarla, y es que ella está completamente llena de recursos, de lineas, contornos, matices, claroscuros, colores y armonía en la piel, ojos, cabello, todo estratégicamente colocado en el lugar ideal.
Por suerte, mi obra maestra la considero estar a su lado, tanto en dos o tres dimensiones, ya que hemos estado pictoricamente en mundos fantásticos llenos de unicornios, dragones, fantasmas y demás seres que cobran vida en la imaginación y en mis pinturas. Pero aquella flor de tan bella que es, quiere sentirse halagada por el sol, el aire, el agua, el cielo y ya no solamente por mis trazos. La veo entusiasmada con sus nuevas expectativas y yo no puedo ni debo obligarla a permanecer en mi jardín si ya no quiere mis atenciones.
La obra que ahora estoy llevando a cabo, tiene como entorno la sala donde tantas cosas compartimos, la mecedora, la televisión, el teléfono, ella y yo, una frente al otro, en situación de discusión. No demoro en terminar el cuadro, le doy el último soplo de aire creyendo que le doy vida y clavo el lienzo en la pared de mi sala mientras canto la canción.
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